V.O.R.S. Jerez al Cante

Teatro de la Maestranza, 20.15 h. Un montón de gente se agolpa en la entrada. Hay muchos jóvenes, muchachas de pelo largo y aros grandes en las orejas, chicos de vaqueros pitillos y gomina en el pelo; japoneses, más bien mayorcitos -debe ser muy caro venir desde tan lejos-, alguno recogiendo en una coleta un pelo muy liso con aspecto entre guitarrista y samurai, ellas delgadas, más bailarinas que bailaoras y de edad imposible de saber como les ocurre a las orientales; señoras que podrían ser tus vecinas arrastrando a sus maridos, grupos de amigos…

Nos sentamos y no cabe un alfiler más. Se apagan las luces y el consabido mensaje de prohibición de grabar se oye en español. ingles y japonés (digo yo que será japonés, hay que tener detalles con la clientela).

Van saliendo cantaores de voces hondas por seguiriyas, soleás, bulerías y fandangos. Mientras escucho, empiezo a ver las similitudes entre los vinos de Jerez con Vejez Calificada (Very Old Rare Sherry) y los artistas que suben al escenario. Los vinos de Jerez no son fruto de una añada, sino el resultado de un trasiego meticuloso a lo largo de muchos años mediante el sistema de criaderas: vinos con distinto nivel de envejecimiento son metódicamente mezclados hasta llegar a la solera. Los artistas jerezanos que suben al Maestranza pertenecen a familias gitanas cantaoras de generaciones, mezcladas entre ellas en un entorno propicio para la fermentación biológica, Jerez. Cuando cantan una soleá, ya ha sido cantada previamente por alguien, Fernanda, Juana, Bernarda, Manuel… y esa herencia les enriquece o les abruma, dependiendo del momento y de su entrega. Y ese bagaje que acarrean dificulta enormemente el entendimiento de lo que ahí ocurre. ¿Cuánto flamenco hay que oír para saber de verdad qué está pasando?

Porque me parece intuir que ese escenario, grande, oscuro y con  cientos de ojos que observan callados no es el más adecuado para que algunos artistas saquen lo mejor de ellos. O sí. Juana la del Pipa se enfrenta a esa negrura con un dedo índice acusador y unos sonidos ancestrales que sientes en el estómago, o abre sus brazos haciendo revolotear las manos como un águila desplegando alas. Y no hace falta que sepas que lo que sale de su garganta es una seguiriya o una soleá, ni siquiera que entiendas la letra (ya la imaginas) o que te digan que el primero que lo cantó fue Mengano o Zutano… Eso es Arte y tu lo ves.

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Pero otros se pierden en esa negrura y se agarran a un vaso como pensando «lo bien que estaría yo en un bar» y miran al suelo, «me voy a levantar porque no me acuerdo cómo seguía esto».

Y el fin de fiesta, que yo entiendo como algo íntimo, donde los participantes disfrutan casi sin importarles quién les mira, gastando bromas con forma de baile para ellos mismos, me deja la extraña sensación de que no se ríen entre ellos, sino de nosotros… ¿Quién nos manda meternos en sus cosas?

Me quedo con las ganas de verlos en un bar de Jerez con tronquitos en la chimenea!

2 comentarios en “V.O.R.S. Jerez al Cante

  1. Una forma diferente de ver y vivir El Flamenco, por fin sencillo y sin ceremonias ni hipérboles. Cómo me hubiese gustado estar ahí!
    Muy buen post, continúa así!

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