Una profana en el backstage de Simof

De moda entiendo poco. Poco o nada. Pero, gracias a mi amiga Sandra, conozco a Sonia Rojas, de Aldebarán, y se me ocurre que puede ser divertido colarme en su backstage de Simof. Le prometo que no molestaré y me gestiona una acreditación.

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Nada más llegar, me sorprende lo efímero del montaje: unos cubículos de paneles desmontables, sujetos con perfilería de aluminio, detrás de la pasarela, que hacen de vestuarios. Entro en el de Aldebarán y veo a unas señoras cosiendo unos volantes de una preciosa tela de inspiración africana. Todavía no soy consciente de que van a ser los únicos volantes que vea en esa colección. Me cuenta Sonia que Pepi y Tere están terminando un vestido que se dona a la Asociación Benéfica Teranga, que ayuda a mujeres en exclusión social en Senegal, mientras Gema (patronista, cortadora y jefa de taller de Aldebarán) supervisa ese y el resto de conjuntos que desfilarán hoy.

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Empiezo a fijarme en la ropa colgada en las perchas y me parece que en lugar de Simof estoy en una pasarela en Londres: unas telas preciosas de cuadros muy «british» y unos estampados dignos de una cacería de patos en Balmoral, con forma de pantalones, chalecos (¡lo que le gustarían a Carlos de Inglaterra!), faldas de tablas (seguro que también se las pondría él), paraguas y gabardinas… Claro, la colección se llama «God Save the Queen». Aunque también descubro faldas de amazonas y botas de piel, que me transportan momentáneamente a un glamuroso paseo de caballos de la Feria de Sevilla o de Jerez.

Tina, la jefa de vestuario, me explica que cada modelo saca dos o tres conjuntos, y de ahí los carteles con nombres y anotaciones: qué chica vestirá cada uno de ellos y qué complementos tiene que llevar (para recordarlo también hay una foto colgada). Porque los cambios tienen que hacerse en un cortísimo espacio de tiempo.

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Todo preparado al milímetro para que las ocho vestidoras controlen la indumentaria completa: medias, bolsos, bombines… Algunas botas repiten pase, por lo que la coordinación (una chica se las quita y otra se las pone) tiene que ser perfecta. Y para eso está Tina.

«¡Mira, ven!» –me llama Sonia desde fuera. -«Está a punto de salir la colección de Lina». Un montón de modelos vestidas de flamenca, controladas por Rocío, la hija de Lina, se están preparando para salir a la pasarela.

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Últimos retoques de maquillaje y peluquería (subidas en unas cajas, porque las modelos miden una barbaridad y no hay quien llegue) y todas atentas a las instrucciones de Pedro, que controla el orden de salida, la música, a los realizadores… consiguiendo que todo funcione como un reloj suizo. Suena el piano y unos segundos después entra Eva González en escena, guapísima, la modelo elegida para abrir y cerrar el desfile.

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Sonia me cuenta que el nivel de profesionalidad de Simof es altísimo, que nada tiene que envidiar a cualquier pasarela de moda del resto del mundo. En instalaciones y, sobre todo, en la preparación de la gente que lo hace posible. No en vano ya van 22 ediciones y la experiencia es un grado.

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Termina el carrusel (desfile de todas las modelos juntas, para las que entendéis tan poco como yo) de Lina, sale el público y rápidamente hay que redecorar la pasarela para la siguiente colección: Aldebarán. Así que, mientras unos se llevan el piano, otros empiezan a acomodar unas columnas de madera sobre las que sujetan unas cuernas de venado enormes. Una señora de la limpieza espera que terminen, mopa en mano, para que todo vuelva a estar brillante. Hay apenas media hora para que Eva abra otra vez el desfile.

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Y mientras, en el vestuario empieza la locura. Chicas en bata, camisola o sólo ropa interior, llegan en tropel y se van situando en el hueco con su nombre. Rápidamente, las vestidoras les colocan faldas, pantalones, medias, botas, etc., hasta que el look está exactamente igual a la fotografía que cuelga de la barra.

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Si hay que echarse al suelo para vestir a los perritos, Tina lo hace. (Hasta el temido Pedro encuentra un momento para jugar con ellos). Pero cada minuto cuenta y hay que revisar una por una a las modelos, cambiar el moño alto por uno bajo un poco deshecho y retocar el maquillaje. Se mezclan, sin entorpecerse unos a otros, fotógrafos, maquilladores y peluqueras, en una coreografía frenética en la que cada cual sabe lo que tiene que hacer. Y en una esquina, mucho más serena de lo que cabría esperar, Sonia observa y supervisa todo.

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Todavía con la sonrisa en la boca después de cantar «soy una taza, una tetera…» provocado por el original chaleco (no nos olvidemos de que algunas modelos son casi unas niñas y buscan ocasiones para divertirse y aflojar los nervios), posan para los fotógrafos, antes de colocarse en el orden de salida, de nuevo atentas a la instrucción de Pedro.

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Y cuando empieza a sonar «God Save the Queen», corro a mi silla a ver el desfile. No me quiero perder nada del espectáculo, porque soy consciente de que lo que acabo de ver es arte, no sólo moda.

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Las fotos, hechas con el móvil, son de Cuarto de Maravillas. Pero no te preocupes, que puedes ver los looks en detalle aquí.

 

Un comentario en “Una profana en el backstage de Simof

  1. Me parece increíblemente lamentable que en el Salón Internacional de Mida FLAMENCA se pase algo que no sea eso: MODA FLAMENCA.

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