¿Por qué tardas (sólo) tres días en enamorarte de África

Cuando decides viajar a África, empiezan las dudas: ¿qué país es el más adecuado para una primera experiencia?¿Lo puedo organizar por mi cuenta? Si no es así ¿cuáles son las mejores agencias? Tras preguntar en varios sitios y muchas horas de internet, decidimos visitar Kenia y Tanzania, en el Este del continente. A lo largo de la semana os contaré todos los datos prácticos en Cuarto de Maravillas. ¡Por si alguno os animáis ¡

Después de buscar las fechas, asumir el desembolso e intentar llevar todo lo imprescindible con el menor peso posible -el equipo fotográfico es un quintal-, coges el avión en Madrid, haces escala en Doha y llegas a la capital de Kenia tras casi un día dando tumbos por aeropuertos. Mientras esperas el equipaje ya empiezas a darte cuenta de que eres un extranjero, que no encajas con lo que te rodea, que esta vez eres tú el bicho raro. La gente tiene un color de piel distinto al tuyo, viste de forma extraña y habla una lengua, el swahili, que no se parece ni remotamente a ninguna de las que conoces. El aeropuerto deja bastante que desear, está sucio y anticuado, pero has llegado en hora y el equipaje, milagrosamente, aparece.

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En el primer trayecto por carretera pasas por poblados de aspecto miserable, con casas construidas de adobe y uralita, pintadas de colores chillones, gente en la puerta mezclada con cabras y ovejas, puestos ambulantes y mucha, mucha suciedad. ¿Que hago yo aquí? El todoterreno en el que te desplazas es grande y espacioso, pero pronto dejas la carretera asfaltada para dirigirte a alguno de los parques y empiezas a pegar botes por pistas de tierra en un estado claramente mejorable, tragando polvo si abres la ventana o pasando calor si no lo haces. Por si fuera poco, los animales no están ordenados como en un zoológico, sino que hay que hacer kilómetros en una búsqueda que, a ratos, se hace pesada. ¿Y qué decir de la primera noche en tienda de campaña, rodeado de sonidos extraños y con insectos que se empeñan en caer en tu copa mientras cenas?

Y sin embargo, algo cambia en poco tiempo. Te fijas menos en la miseria y más en la dignidad de las personas, en el cuidado con el que eligen sus ropas de estampados alegres y sus curiosas combinaciones de colores, las niñas con vestidos de volantes y colores intensos, las mujeres con faldas largas, y superposición de prendas, las cabezas adornadas con turbantes, trenzas postizas o pelo casi rapado que obliga a concentrarte más en sus grandes ojos oscuros. Igual que las chabolas, de escandalosas fachadas amarillas, rojas, azules… dándole una nueva vida a las planchas de chapa y la pobreza del adobe.

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Aprendes a ver a través del polvo los paisajes increíbles Del Valle del Rif: llanuras infinitas con praderas llenas de pastos, zonas boscosas de follaje exuberante, montañas que se divisan a lo lejos, suaves colinas verdes y acacias solitarias que se recortan contra el cielo en medio de la sabana; incluso eres capaz de distinguir algunas variedades, la acacia amarilla -que se consideraba erróneamente la causante de la malaria-, la paraguas, de tronco oscuro, gran porte y ramas que se extienden en horizontal, o la que se llena de flores amarillas en la copa compitiendo en luz con los rayos de sol.

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Empiezas a disfrutar con la emoción de la espera cuando vas en busca de animales (de aguardar un momento mágico sabemos mucho los sevillanos, no en vano es lo que hacemos en Semana Santa y Feria, cuando vamos a una actuación de flamenco o a una montería). Tienes la certeza de que, cuando menos lo esperas, se cruzarán unas gacelas, una manada de búfalos o un elefante solitario. Y eso colmará tus ansias de naturaleza salvaje, momentáneamente, porque el veneno se te ha metido en la sangre y cada vez quieres más y más; ya no basta observar una leona cuidando a sus cachorros, también la quieres ver apareándose; y esperas que dos jirafas se peleen por una hembra, o que el guepardo corra detrás de una presa y la agarre por el cuello hasta asfixiarla. Mientras, vas llenando el vacío de mamíferos con aves de tamaños exagerados, de formas curiosas o colores imposibles que reclaman con sus cantos un poco de tu atención.

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Sustituyes el miedo por la excitación cuando, de madrugada en la tienda, oyes rugir al león que merodeaba cerca cuando caía la noche, o la hiena que aúlla decepcionada porque no encuentra comida en la cocina del campamento. Y antes, mientras cenabas en la tienda-comedor, fuiste capaz de conseguir que los insectos bebedores de tu vino se conformaran con pasearse por el mantel, y que los escarabajos gigantes no treparan por tu tobillo.

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Dejas de agobiarte porque el agua del bidón que conforma la ducha sea limitada y disfrutas lavándote el pelo al aire libre (¡qué le vamos a hacer si no está Robert Redford!), mirando las estrellas que asoman en esa inmensidad de cielo cada vez más oscuro, mientras te recorre el cuerpo un escalofrío (¿es sólo el viento?) que controlas con el agua que han calentado para tí.

Calma, humildad y paciencia. Los mejores aliados del viajero en África, según el experto escritorJavier Reverte. Porque si algo no ha salido como esperabas, hakuna matata, no te preocupes. Vas a volver.

 

Las fotos son de Agustín Vidal-Aragón y Cuarto de Maravillas

 

4 comentarios en “¿Por qué tardas (sólo) tres días en enamorarte de África

  1. Estábamos en lA cocina de mi casa mi madre mi amiga y yo, no sabíamos si Carla era una Leona o un Carlino. Las fotos de AGUSTIN maravillosas y la narradora espectacular. Te seguimos siguiendo los pasos.

  2. Me ha encantado, qué fotos! Sigue poniéndonos los dientes largos…algún día seguro, que te copio.

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