Viajes interesantes que puedes hacer en 2020

Hay épocas del año en la que no surgen apenas viajes y otras en las que, casi sin darte cuenta, se acumulan de tal manera que no da tiempo de guardar la maleta en el altillo. Si se quitan los meses de mucho frío o mucho calor, nos queda la primavera y el otoño. En mi caso, viviendo en Sevilla, es raro que esto ocurra en primavera, porque la Semana Santa y la Feria de Abril ya son acontecimientos suficientemente intensos como para que no queden ganas de nada más.

Pero el otoño es otra cosa, tal vez el mejor momento para entrar en Skyscanner y ver qué vuelos baratos encuentras a ciudades que no estén a más de tres horas. Además, el frío aún no ha llegado, la luz es preciosa y ya empiezan a caer las hojas de los árboles regalando colores increíbles que hacen que la peor de las fotos sea una postal. Ya lo sé, muchas justificaciones… el caso es que en otoño me entran unas ganas locas de moverme y tengo la suerte de arrastrar (o mejor aún, dejarme arrastrar) algunas almas inquietas como yo.

Aunque a pesar del frío previsible, también los comienzos de año me cogen con ganas de viajar… o de escapar de unas fiestas que agotan a cualquiera, especialmente a las que organizamos reuniones familiares en casa. Y ¿qué mejor forma hay de escapar –hasta de una misma- que hacer un viaje?

En la primera semana de enero me gusta hacer un ejercicio de memoria (en esto me ayuda mucho el blog) y recordar qué lugares he visitado. Y de paso, comprobar si he cumplido alguno de los propósitos viajeros que me hice el año anterior.

Grecia Continental y el Peloponeso

El año 2019 lo empezamos haciendo un viaje a Grecia Continental y el Peloponeso. Lo mejor de todo, que pudimos hacerlo en familia, algo que cada vez es más difícil cuando los hijos son adultos y tienen obligaciones laborales. Lo peor, la ola de frío y nieve que nos pilló, la más dura en los últimos años en Grecia.

¡Aunque ver los monasterios de Meteora completamente nevados tiene su punto! Lo que nos generó fue unas ganas enormes de volver con mejor tiempo, y completar con la visita a alguna de sus famosas islas, especialmente después de ver la serie –que recomiendo encarecidamente- de Los Durrell.

La Puglia

Poco después, volviendo a desafiar el crudo invierno, nos fuimos a la Puglia con el vuelo directo de Sevilla a Bari. Disfrutamos mucho el road trip por el interior, descubriendo el alma sencilla y campesina a veces, barroca y señorial otras, de esta zona bastante desconocida del sur de Italia.

Los trulli de Alberobello son unas construcciones vernáculas únicas, pero los campos de almendros y ciruelos que rodean los pueblos nos enamoraron con su colorido incluso en invierno. Maravillosas nos parecieron la barroca Lecce (la Florencia del Sur) y la elegante Bari, así como el misterioso Castel del Monte de Federico II. Las playas y acantilados de Puglia son la asignatura pendiente -siempre hay que dejar en los viajes-.

Alentejo

Ya bastante entrada la primavera hice una escapada con mi marido al AlentejoEl propósito fundamental era pasar tres días de descanso en el Convento de Sâo Paulo, con sus muros y pasillos cubiertos con la colección privada de azulejos más grande de Portugal.

Solo por eso merece la pena, aunque también visitamos una bodega de los afamados vinos alentejanos, disfrutamos de la gastronomía, compramos alguna jarra de cerámica y paseamos por ciudades que parecen nidos de águilas.

Isla Deserta

El verano siempre nos lleva a Cádiz y al Algarve. Esta vez decidí contar uno de los secretos mejor guardados de la Ría Formosa, aunque me ha costado una amonestación de algún que otro amigo navegante: Isla Deserta. No comento nada más por si así pasa desapercibido y no me riñen más.

Londres

A finales de septiembre y principios de octubre acompañe a una querida amiga a Londres a establecer a su hijo pequeño en la universidad. Como el chico no puede ser más listo, se había acomodado bastante bien por su cuenta y no demandaba apenas tiempo, lo que nos permitió pasear sin prisas por la ciudad e ir de museos.

Destacaría la visita a tres curiosos museos un poco menos conocidos pero súper interesantes: The Wallace Collection (había una muestra de zapatos de Blahnik que maridaba a la perfección con la colección permanente), Sir John Soane’s Museum y Pollocks Toy Museum.

Valle del Douro

A los maridos hay que cuidarlos y en octubre, cuando las vides empiezan a teñirse de amarillos y púrpuras, nos fuimos al valle del Douro portugués. Aprovechamos para dar tres enfoques diferentes a este destino: paisajes del río y viñedos, ruta del Románico portugués y ciudades monumentales (Lamego, Amarante y Oporto). El país vecino nunca deja de sorprendernos.

Budapest

A finales de octubre pude sumarme a un viaje a Budapest con mis amigas de pádel. Que te lo den todo hecho cuando no has tenido tiempo de preparar nada es una maravilla, porque así el descubrimiento es más fresco, más inesperado. Otra forma de disfrutar la primera vez de una ciudad elegante repleta de palacios y balnearios dignos de la corte centroeuropea de hace doscientos años.

Piamonte

El Piamonte, cuña del slow-food, fue el destino del último viaje del año 2019, esta vez con marido, hijos y novios. La excusa fue asistir a la Feria Internacional de la Trufa Blanca de Alba, un pequeño pueblo del Cuneo. No solo este hongo único en el mundo, sino la gastronomía en general –incluyendo el chocolate, las avellanas y los vinos-, el paisaje, los pueblos medievales, los castillos… todo se une para que sea uno de los viajes que más me han gustado y que tengo intención de repetir. Porque si hay un país que sea eterno, ese es Italia.

A la vista de este recordatorio veo que acabo el año como lo empecé: en familia. ¿Qué hay mejor? Pero también he hecho escapada romántica, viaje con amigas, fin de semana con hermanas a Faro (no hice post pero fue genial). Me sigue faltando un viaje sola, de introspección, de ponerse a prueba… ¿tal vez a Indonesia a aprender yoga? ¿Al Camino de Santiago? ¿Será 2020 el año?

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